620 10 74 23 martavidal@cop.es

Si haces más de lo mismo obtendrás más de lo mismo. Haz algo diferente para obtener otro resultado.” Presuposición de la P.N.L.

«No me funciona lo que hago por más que lo intento. Siempre llego al mismo callejón sin salida. Y no quiero ir al psicólogo a que me ayude. Me parece que esto es una tontería que tendría que poder resolver yo sola. Pero es que ¡siempre acaba igual!”

Cuántas veces te has repetido, si no lo mismo, algo parecido.

Tienes la opción de ir al psicólogo antes de que se agrave, y es posible que con una sesión fuera suficiente. O puedes, cómo tu dices, probar a cambiarlo tu mism@. Pero hay una serie de condiciones para que sea posible.

Necesitamos soltar el automático y concretar el problema

Detrás de toda conducta hay una intención positiva” P.N.L.

La primera es saber a qué nivel se está produciendo el problema.

Si es una cuestión de identidad, como por ejemplo: “me gustaría ser más flexible” o “quiero tener más carácter”, probablemente estás demasiado implicado para poder hacerlo tu solo.

Pero si lo que necesitas cambiar es una conducta, es más fácil. Por ejemplo: “Estoy todo el día gritando a los niños y me gustaría que la relación fuera mejor” o “no sé decir no, voy complaciendo a todos”.

Otra condición necesaria es reconocer qué intención positiva hay detrás de la conducta que quieres cambiar. Suele ser muchas veces querer mejorar algo, tener tranquilidad, que los demás me quieran,… y no lo obtenemos. Por eso es necesario hacerlo de otra manera, conservando en cualquier caso esa intención positiva. En caso contrario, es posible que la vieja conducta vuelva.

Hacemos lo mejor que podemos con los recursos de que disponemos en cada momento” Presuposición de la P.N.L.

Y ya sabiendo qué conducta queremos cambiar y la intención positiva, ahora se trata de prestar atención a cómo hago lo que hago. Reconocer la conducta que ahora estamos realizando y qué hace que no funcione.

Te preguntarás: “¿por qué? ¡si es lo que quiero cambiar!”

Cuando un jugador de tenis está haciendo un saque poco efectivo y quiere corregirlo, lo primero que necesita es darse cuenta de cómo lo está haciendo: cómo coge la raqueta, cómo pone los pies, su apoyo, desde dónde hace la fuerza, en qué tipo de suelo estás jugando, tu adversario, etc. Y a partir de ahí aplicar los cambios necesarios.

O cuando cambias de coche, necesitas tomar conciencia de lo que ya hacías automáticamente, sin prestar atención: cómo es el cambio de marchas, cuántas hay, si hay embrague o es automático, la posición y modo de encender las luces, etc.

Y si conduces el coche nuevo un tiempo, volverás a automatizar los movimientos y los harás sin prestar casi atención.

Para cambiar una conducta es necesario salir de la zona de confort

Es necesario salir de lo que se denomina “zona de confort”, que son los automatismos a los que estamos acostumbrados y que nos hacen sentir cómodos.

Muchas veces la conducta a cambiar la hemos aprendido de otra persona sin cuestionarla. Necesitamos conocerla bien para ver en qué punto falla y dónde hay que intervenir para modificarla.

Otras veces basta con prestar atención a lo que hacemos, y el cambio llega sin mayor esfuerzo.

Llegamos también a una nueva zona de confort que suele darnos mayor bienestar.

Y si todavía sigue ahí la conducta antigua, está la creatividad para encontrar una alternativa.

La creatividad no es una posesión que tienen algunos, está disponible para todos. Basta con creer en ella.

Si eres de los que dicen que la creatividad no va contigo, puedes empezar a experimentarla.

Este es un momento en el que no puedes equivocarte. Todavía no has pasado a la práctica. Todas las ideas valen, luego ya seleccionarás.

Sólo necesitas practicar un poco para conectar con la creatividad y permitir que vayan llegando.

Es el momento de la “lluvia de ideas”. Atrévete a lanzar ideas de conductas que podrían funcionar. Alguna puede ser válida en su totalidad y otra en parte. ¿Cuál se ajusta más?

Buscar el momento oportuno es importante para que una conducta funcione o no. Presta atención a las personas que intervienen, cómo están ese día, en ese momento.

Y prueba.

¿Funciona?¿No? Prueba otra conducta. La vida es cambiante, no hay un momento igual que el otro. Somos nosotros los que pretendemos ser siempre iguales o que la vida sea siempre predecible.

Vivimos en un mundo de probabilidades que podemos variar más o menos en función de lo que hacemos.

Resignarse es desenergizarse.

Cambia lo que sea posible cambiar.

Y acepta y reconoce lo que no se puede cambiar. No hace falta que te guste. Es lo que es y a veces hay cosas que no podemos cambiar.

Es bueno conocer la diferencia.

No existe el éxito o el fracaso, sólo resultados” P.N.L.

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